La Serranía de Grazalema es el área de mayor índice de lluvias de la Península Ibérica. Éstas, provenientes del Atlántico se sitúan en las Sierras cercanas a la gran muralla de la Sierra del Pinar y la depresión del Boyar. Teniendo en cuenta la situación geográfica de la provincia de Cádiz, podríamos extrañarnos en un principio del alto nivel de pluviosidad existente. Si lo estudiásemos con más detenimiento, comprobaríamos que la Sierra del Pinar constituye la primera barrera importante con la que se encuentran los frentes borrascosos procedentes del Golfo de Cádiz que, en sólo 80 kilómetros que separan la sierra de la costa, topan con este muro natural, que al tener que elevarse y rápidamente enfriarse provocan la condensación  del vapor de agua y como consecuencia de ello sobrevienen las lógicas precipitaciones.

 

Grazalema recoge un registro anual de 2.200 litros m2. Sin embargo estas lluvias no se distribuyen de forma homogénea a lo largo del año sino que son estacionales. El estadío más lluvioso es el invierno, al que le sigue un verano seco con registros entre los meses de julio y agosto de 5/6 litros por m2. Las máximas cantidades se recogen entre diciembre y enero con mas de 400 litros por m2. Las cantidades caidas han fluctuado durante los últimos 80 años entre los 4.372 litros por m2 de 1963 y los 1.179 de 1.974, con una media de 2.000 litros por m2 aproximadamente.

 

Con carácter anecdótico apuntaremos varios días en que se recogieron en el pluviómetro de Grazalema jornadas de lluvias en cifras durante las 24 horas. Por ejemplo y como dato estadístico en 1963 se recogieron más de 4.300 litros en 111 días. En el mes de enero de 1948, 348 litros. El 21 de noviembre de 1916, 213 mms en un solo día. El 21 de diciembre de 1981, 222 mms. El 10 de febrero de 1985, 337 mms.

 

 

Las Estaciones

Durante el verano el calor se hace bochornoso, las altas temperaturas junto al riesgo de incendios es la nota dominante por lo que aconsejo no transitar estas sierras durante la época estival y si lo hacemos, debemos realizar itinerarios de corta duración y relativamente cómodos. Los ríos ven reducido su caudal y los arroyos permanecen secos, las plantas paran su crecimiento y la fauna se reserva entre la vegetación huyendo del calor. Desde el mes de junio hasta primeros de septiembre el calor es fuerte. A finales de agosto y principios de septiembre es casi segura la caída de alguna que otra tormenta que nos anuncia que la próxima estación se encuentra en sus preliminares y es buena ocasión para observar la marcha de las aves migradoras.

 

Es en otoño cuando se suavizan las temperaturas matinales y las noches se hacen más frescas, pudiendo caer algún que otro chaparrón allá por finales de septiembre. La sierra va cambiando su aspecto seco, presentándose poco a poco en toda su belleza. Es sin duda una buena estación para recorrerla y disfrutar de todo su esplendor, los frutos silvestres maduran y los árboles de hoja caduca comienzan a mostrar sus bellas tonalidades asomando a sus pies las primeras setas.

 

El invierno se nos presenta húmedo, frío y bastante caótico, ya que podemos pasar de días enteros sin cesar de llover a otros completamente despejados, caracterizados estos últimos por lo gélido de sus días. No es extraño que se produzcan grandes heladas durante las noches en los meses comprendidos entre noviembre y abril, atentos a los fuertes vientos fríos. Prácticamente durante los meses de enero a marzo es cuando se producen las escasas nevadas, motivadas por los vientos de norte o cuando vienen de la zona de Ronda “Rondino y Granadino”. Éstas son esporádicas y de muy corta duración, registrándose una media de 3 días al año de nevadas, siendo extraño que permanezcan las sierras cubiertas de nieve durante muchos días, salvo en las umbrías de las cumbres, concretamente en la Sierra del Endrinal entre el pico del Reloj y el Simancón y en la vertiente norte de la Sierra del Pinar, en concreto en el circo que forman los Picos del Torreón y el Cerezo o Mellizo; si bien, y ante la escasa luz solar que penetra bajo el bosque de pinsapos, la nieve es retenida durante varios días disfrutando de un hermoso paisaje invernal. La vegetación duerme y es buena estación para la observación de aves y mamíferos.

 

La primavera es quizás la estación que más nos invita a recorrer la sierra. Las masas forestales y con ellas la enorme variedad de flora acompañante, muestran todo su esplendor; la fauna despierta y comienzan a llegar las aves migratorias. Los arbustos, los árboles despuntan con sus nuevas hojas y flores. Las navas y las praderas se llenan de hierba nueva y los animales campean por doquier. Esta estación se caracteriza por lluvias muy copiosas y amaneceres bastante fríos que nos recuerdan al invierno.

 

En cuanto a las temperaturas la sierra registra mínimas de 8 Cº y máximas de 28 Cº de media, llegando a bajar en casos muy aislados a 0 Cº, dependiendo muy mucho de las altitudes en las que nos encontremos y a los vientos de la zona.

 

La naturaleza caliza de la sierra y el subsuelo favorece la infiltración permanente del agua los días de lluvias torrenciales, de esta forma se colmatan las galerías y depósitos subterráneos que en su afamable búsqueda hacia la superficie afloran de forma espectacular en lo que los habitantes de la Sierra lo llaman “ reventar los caños”. Este fenómeno puede ser apreciado entre otros lugares, en las cercanías de la población de Grazalema en los tajos de Peñaloja, conocido en el argot montañero como “los Extraplomos de Grazalema”, localidad que da fe a este fenomeno en los años 40, cuando las grandes precipitaciones hicieron al agua manar desde dentro de las casas del pueblo e incluso rompiendo solerías y servicios, corriendo el agua calle abajo como si de un río se tratase

 

Especial mención merece la fuente de los Cañitos en el área recreativa cercana al El Bosque, el nacimiento de los Cascajales, en Benaoján, así como numerosas cascadas que sólo pueden ser observadas en los días de intensas lluvias. Varias de ellas de bellísima factura, como la que se origina en la umbría, Benaoján, en las Cercanías de Bramaderos, Zahara de la Sierra; la formada en la Breña del Agua, a pocos kilómetros de Benamahoma o la del Molinillo del Susto y muchas más que se reparten por los rincones más intrincados de la sierra.

 

De igual forma, en muchos enclaves de la serranía se forman pequeñas lagunas, lagunazos o charcones, como se les conoce en la sierra. En las cercanías de Sierra Morena por debajo del Embalse del Fresnillo se forma una de estas lagunillas. En el llano de la viña del Moro en el área del pinsapar es otro lugar donde se forma una pequeña charca a la que acude el ganado a beber. En los llanos de Líbar. Pocillo Verde, situado en la sierra del Endrinal en la base del pico del Reloj junto al camino a Villaluenga, esta curiosa lagunilla o Charca Verde como también se la conoce, se forma por la afloración de las aguas sobrantes que salen a la superficie los días de cuantiosas lluvias, ofreciendo entre otros motivos al caminante disfrutar de una bella estampa típicamente serrana. Existen igualmente pantanillos y varias lagunas de origen artificial creadas para el regadío y dar de beber al ganado situadas en parajes campestres que atraen a no pocos animales entre los que se incluyen numerosas aves acuáticas.

 

Numerosas fuentes, aljibes y pozos quedan repartidos por todo la serranía en recovecos muy pintorescos, construidos desde tiempos remotos. Estas construcciones son una muestra más del hábitat rural; bastará con fijarnos detenidamente en su obra y darnos cuenta de su justa relación con el medio donde se encuentran ubicadas: las piedras, el cao, los pilares tallados, los aljibes adosados a las viviendas, las distintas formas que tienen para recoger las aguas, bien de lluvia o subterráneas a modo de surgencias, sin olvidar su situación, enclavadas en los rincones más pintorescos de la serranía, algunas de ellas famosas por las anécdotas que acaecieron en sus proximidades, con historias desgraciadas y otras de índole jocosa, muchas de ellas en lugares cercanos a carreteras que en otros tiempos fueron caminos de herradura, donde no pocas veces hombres y mujeres de la Serranía hacían un alto en el camino para llenar las cántaras, dar de beber al ganado o simplemente liarse un cigarrillo y hablar de sus cosas.